¡Otra vez el 19 de septiembre!

Me parece una muy mala jugada del destino que tiemble en México justo el mismo día pero 32 años después, dos horas después de haber hecho el megasimulacro en memoria del 85. Dentro de todo, hubo menos daños que entonces. Van registrados 214 muertos en Ciudad de México, contra los miles que hubo en 1985. El número de edificios derrumbados también es mucho menor. Evitaré poner referencias porque hay muchísimas que pueden buscar en Google, cada quién que busque la información que necesita. Me limitaré a darles mi opinión personal.

Mi vida cambió en 1985. Era siempre referencia de recuerdos a antes del temblor o después del temblor. Mucha gente con la que convivo ahora no había nacido siquiera o eran muy pequeños como para darse cuenta de la magnitud del evento. Yo estaba en la universidad. Mis hijos, para no ir mas lejos, nunca habían sentido un temblor. Tienen 12 y 8 años. Habíamos escuchado la alerta sísmica. Habíamos salido corriendo en la noche luego de que sonara para que al final fuera un temblor que en nuestra zona no se sentía o que fuera falsa alarma. Algunos que yo sí sentí ellos fueron incapaces de sentirlo de veras. Yo no escuché la alerta sísmica del 7 de septiembre por la noche y desperté durante el sismo. Salimos del edificio y vimos las lámparas balancearse. Pero que ellos sintieran realmente la tierra cómo te tumba y te impide caminar, nunca. Este 19 de septiembre fue al medio día, ellos cada quién en su escuela, yo en mi trabajo y mi esposo en su taller. Eso fue lo más terrorífico, no estar cerca, no saber qué les pasaría. Yo estaba en planta baja en una casa, la escuela de mi hijo también es de planta baja y con mucho espacio entonces era el que menos me preocupaba. Igual mi esposo podría salir muy rápido. Mi hija está en un edificio de 4 pisos, por fortuna ella en el primero. Además su escuela está en la colonia del Valle, que resultó de las más dañadas. Gracias a que justo esa semana le había activado una línea de teléfono pude comunicarme pronto. Su escuela mandó de inmediato un reporte de que estaban bien. En las dos escuelas los acompañaron y cuidaron maravillosamente (que no fue el caso de algunas otras). Al cabo de muchas horas pudimos estar todos juntos.

A pesar de haber vivido el del 85, en realidad no me imaginé que el daño fuera a ser tan fuerte esta vez. Mi mente estaba en reunirme con mi familia, la verdad no pensé en ese momento en cuántos edificios se caerían. Poco a poco van llegando las imágenes, videos, testimonios, tragedia tras tragedia. Dentro de todo también salen a la luz noticias esperanzadoras. La gente y la solidaridad para ayudarnos entre todos. Levantando escombros, llevando comida a los rescatistas, donando para los que perdieron todo. Una marabunta de cosas, en medio del caos y las emociones que nos abruman. Volteemos a donde volteemos tenemos el corazón en la mano, con el alma en un hilo.

Mis hijos no vieron los daños de primera mano (ni yo tampoco). De regreso a casa desde la escuela de mi hija vimos algunos edificios que tuvieron desprendimiento de adornos y cosas muy, muy leves. Vimos enfermos que desalojaron de un hospital, y el tráfico desesperante. Pero estábamos relativamente tranquilos. Lo que han visto es por las noticias. Inicialmente no quise prender la TV para no exponerlos a la tragedia, pero es imposible tapar el sol con un dedo y al siguiente día y por los siguientes días si vi para estar al tanto. Además, esto no se va a arreglar en un mes y tenemos que aprender a vivir con ello. Hemos salido a la calle pero por zonas sin mucho daño. Ayer (a unos 11 días del sismo) pasamos por calles donde hubo derrumbes severos pero ya retiraron el cascajo y se ve el terreno limpio.

Hay miles de familias sin hogar. Habrá que demoler muchos edificios, escuelas, centros comerciales. El mapa cambió sin lugar a dudas. Nuestras referencias emocionales se movieron junto con la tierra. Para bien o para mal, no seremos los mismos después de esto. Es importante, ahora más que nunca, reconocer nuestros miedos y angustias. Si a nosotros como adultos se nos mueve el alma imagínense a los pequeños. Muchas veces ni siquiera pueden entender qué es un temblor. Aunque no pierdan su casa, aunque todo parezca que sigue como antes, no lo será jamás. Con mayor razón si fueron directamente afectados. Tenemos que buscar formas de canalizar ese acomodo de emociones. Saberlos escuchar, que digan una y mil veces lo que necesiten aunque lo hayan repetido hasta el cansancio. Y reconocer ante ellos que nosotros también tenemos miedo porque es lo normal. Pudimos haber muerto en un instante, igual que ellos. Hay que hacerles sentir que estamos ahí para ellos, para escucharlos, para acompañarlos y para protegerlos. Somos su ancla. Cada niño procesa las cosas de distinta forma, igual que los adultos. Tampoco decir que todo está bien, que no pasa nada. Ellos se dan cuenta de todo, es nuestro deber aterrizarlos en lo que sucede realmente. Sí pasa y es grave, pero hay formas de prevenir los daños, de estar preparados, tener un plan familiar, verificar que en su escuela hagan simulacros, conocer las rutas de evacuación, hacer caso de la alerta sísmica aunque a veces sea en falso, que son cosas de la naturaleza que no está en nuestras manos detener. Y en la medida que las conozcamos podremos defendernos mejor.

Ahora más que nunca debemos ver dentro de nosotros y buscar qué es lo que nos angustia, qué nos da esperanza y qué nos reconforta dentro de estos derrumbes. Si hacemos como que no pasa nada, se queda dentro y explotará cuando menos lo imaginamos. Puede ser ahora o dentro de un mes o dentro de 5 años. El trauma por un evento de esta magnitud es inmensurable. Y las formas de demostrarlo también pueden ser irreconocibles. Miedo desde luego, pero puede ser de otras formas disfrazadas en cambios de comportamiento o en enfermedades. Para mi es muy importante el regreso a clases, cómo enfrentarán en sus salones todo esto. Tengo mucha confianza en que sus escuelas lo harán de la mejor manera porque es la filosofía que manejan siempre y por eso los escogimos para educar a nuestros hijos. Pero hay muchos otros que no tendrán ese mismo apapacho emocional. Otros que quizás no tengan escuela a la cual volver.

Y si perdieron todo o poco, ver la forma de apoyarlos. Hay muchas formas y cada quién que busque la que se acomode a su forma de pensar, de ver la vida o lo que puedan encontrar en su entorno. Si pueden, donen en especie. Nosotros habíamos donado mucha ropa para los que resultaron afectados en el sismo del 7 de septiembre en Chiapas y Oaxaca. Esta vez donamos libros para niños. Juntamos todos los que pudimos y los llevé a IBBY para que ellos los repartieran entre los albergues. Es muy significativo que los niños escojan de entre sus pertenencias cuáles donarán pensando en otros niños como ellos. También donamos cosas de uso diario y las muletas que usó mi hija hace 2 años.

Dentro de las múltiples opciones para donar y acompañar a los niños, la principal es la UNICEF. Pero hay otras más pequeñas que merecen también nuestro apoyo. Encontré una que me robó el corazón: Doctor Payaso. Siguen la filosofía del doctor Patch Adams, fundador de la Risoterapia. En México se dedican a apoyar a niños en situaciones de enfermedad y desastre. En este sismo han atendido a albergues y hospitales. Devuelven un poco de alegría a los niños y a sus familias. Les hacen recordar que hay otro lado de la vida que quizás no vean ahora, pero ahí está y podemos recuperarlo poco a poco. Asómense a su página para donar con dinero por única vez o bien mensualmente. También pueden participar como doctores payaso. A la fecha cuentan con 174 doctores payaso.

Podría escribir mil páginas sobre este tema. Irán saliendo también poco a poco. Por lo pronto doy gracias a la vida y gracias a Dios de que estoy con mi familia, que a nadie de mi entorno más cercano sufrió pérdidas ni materiales ni humanas. Y que tenemos oportunidad de seguir apoyando. Que no se nos olvide que estamos de paso en este mundo y que en nuestras manos está buscar las mejores opciones para disfrutarlo mientras nos dure. Les mando un enorme abrazo con un infinito gusto de poder seguir aquí.