¿Es posible terminar un duelo luego de 40 años?

Hace unos días publiqué un comentario sobre la Terapia de Contención para niños. Ahora les platicaré cómo puede usarse para adultos.

A través de esta técnica, logré completar el duelo por la pérdida de mi padre a los 7 años. Como él murió en un accidente, no tuve ocasión de despedirme de él ni irme haciendo a la idea de que ya no estaría como cuando muere un enfermo poco a poco. Simplemente dejé de verlo de un día para otro, para siempre. Los adultos tratamos muchas veces de “evitar” sufrimientos a los pequeños, pero no siempre es aconsejable. La verdad no recuerdo mucho cómo fue en mi caso, pero tampoco recuerdo hablar del asunto ni expresar mis sentimientos a nadie. Nadie me preguntó, yo no dije nada, y como si nada hubiera pasado. Me imagino que como yo no decía nada, en casa decidieron no tocar el tema y que se nos “olvide” lo que pasó. “Son niños, no se dan cuenta, luego se les olvida, que no te oigan llorar”… Pues no es así: sí nos damos cuenta y no se nos olvida. Entre más tratemos de ocultarlo, más fuerte queda la marca. Entre más se habla, más fácil se asimila el evento y se supera. Si vemos que otros también sufren la pérdida, y lo reconocen, nos ayudan a ver que es normal y natural estar tristes y que no debemos avergonzarnos de ello. No se trata de dejar de sentir más el dolor, sino que al reconocerlo, es más fácil de sobrellevar. Pero si como en mi caso, que en lugar de ventilarlo y superarlo en el momento lo lleve por casi 40 años sin “trabajarlo”, es posible en esta sesión cerrar la herida. Supe decirle a mi padre lo mucho que lo quiero y la falta que me hace. Le agradecí haberme dado la vida, sus enseñanzas, y su herencia en todos sentidos. Que me enoja mucho que me haya dejado siendo tan chica pero que también ahora como adulto entiendo que cada quién tiene su tiempo para vivir y enseñarnos cosas en ese lapso de tiempo Y muchas cosas más que me han ayudado a aceptar que ya no está vivo, conmigo.

Todos recibimos información y educación de nuestros padres y/o cuidadores desde que fuimos concebidos. Incluso la falta de atención es información que nuestro cerebro procesa como abandono y prende focos rojos que duran para toda la vida. O en el mejor de los casos, registra el amor, la atención y cuidados que nos tuvieron y nos brinda seguridad y confianza para avanzar en la vida. Si nos quedamos con esos huecos sin cubrir desde pequeños, de adultos iremos acarreando esos pesares que quizás notemos o no, pero que definitivamente, marcan nuestros comportamientos y nuestra forma de enfrentar la vida.
Podemos por ejemplo, sufrir la pérdida de un ser querido que no hemos logrado superar, y aunque pasen los años, seguimos sufriendo como si hubiera sido ayer, como en mi caso. Podemos haber tenido algún malentendido con nuestros padres que nos alejaran de ellos sin poder explicar en años lo que haya pasado, ni resolver las cosas. O quizás se haya pasado por un divorcio y la situación con la expareja sea muy complicada y afecte a los niños.
Todos esos eventos se pueden sanar a través de la Terapia de Contención (según Jirina Prekop). Con la ayuda de un terapeuta, se trabajan los antecedentes de cada caso y se identifican las cosas que se quieren mejorar. Se hace una sesión guiada, para recorrer la curva de las emociones. Se sanan esas heridas a pesar de no tener frente a frente a la persona con quien queramos resolver el conflicto. Se trabaja en un abrazo con alguien que nos ayude con la contención, y la terapeuta va guiando el viaje emocional para reconocer el origen del conflicto, aceptarlo, agradecer las enseñanzas que nos haya dejado y darle su lugar en el pasado. Solo así podremos seguir adelante en la búsqueda de la tranquilidad y la felicidad.
Los niños tienen derecho de saber las cosas que ocurren en la familia, a un nivel que puedan comprender según su edad. Reconocer y aceptar todas nuestras emociones para mi es la clave de la estabilidad y de la confianza en nosotros mismos. Está en nuestras manos reparar lo que no nos guste y poder seguir adelante. Ayudemos a nuestros hijos a desde ahora, encontrar ese balance emocional.

Publiqué originalmente este post el 30 de agosto del 2013