Adiós a los Cuentos de Hadas: Riesgos de las redes sociales

Adiós a los Cuentos de Hadas escrito por Elizabeth Cruz Madrid e ilustrado por Estelí Meza, de Editorial El Naranjo (Oct 2016, México).

Adiós a los Cuentos de Hadas

Este libro trata sobre una adolescente cuya madre murió de cáncer cuando era muy pequeña. Su padre se casa otra vez y la protagonista, Mariel, se lleva muy mal con la madrastra. Podemos leer lo que escribe en unas cartas que hace para su mamá, como su diario y también saber cómo ve las cosas que suceden y lo que se imagina. Son relatos de cómo extraña a su mamá, lo difícil que es entenderse con la madrastra porque no le quiere comprar ropa de jovencita y quiere que siga usando la de niña porque todavía le queda. Su papá ya no le hace caso y siente que la madrastra se confabula para echarla de la casa y deshacerse de ella, como en Hansel y Gretel. Mariel está atravesando la adolescencia sin mucho apoyo, más bien sin ningún apoyo en casa y lo resuelve de la mejor forma que puede. Se mete en problemas que en realidad no son graves pero a ojos de la madrastra si y logra que la lleven a un internado para que la eduquen. Me gusta mucho que expresa sus sentimientos: estoy enojada, me siento furiosa, me siento triste. Y sabe identificar qué es lo que le ocurre. El problema es que no tiene quién la oriente para encausar esos sentimientos y empieza a enredarse.

Adiós a los cuentos de Hadas Editorial Naranjo

Entra a una página de fans de One Direction y en el chat conoce a un chico, Víctor, que tiene 19 años. Usa el seudónimo de Zayn, como el cantante. Poco a poco la convence de ser su amiga en línea y chatean mucho, pero mucho tiempo. Mariel se siente segura platicando y siente que de verdad es su amigo. Víctor sabe qué decir y cuándo decirlo, pues claro, es 7 años mayor que ella, la apoya y la entiende en momentos que nadie en casa sabe qué hacer. En el internado se siente profundamente triste, abandonada y no le hace ninguna gracia nada: ni sus compañeras, ni el lugar, nada. Entonces, decide fugarse con Víctor. Él irá por ella, la llevará a vivir a su casa y la querrá por siempre.

¡Muero de miedo de pensar en esta historia! Le regalé el libro a mi hija de 11 años y lo leyó muy rápido. Le preguntaba en qué parte iba y no decía mucho. Lo acabó y no decía nada. Luego lo leí yo y entonces tuve más elementos para preguntarle y platicar con ella (hubiera sido mejor leerlo primero y luego dárselo, verdad?). Lo único que me dijo fue: “si yo ya sé que no tengo que decirle nada a nadie que no conozca en persona y que puede ser un engaño. Ese chico era una trampa y se veía a leguas”. Quizás por fuera se vea “a leguas” que es un engaño, pero en realidad poniéndonos en los zapatos de Mariel, es muy fácil caer. Con el corazón tan apachurrado, la soledad a flor de piel, el sentimiento de abandono y traición, era la presa perfecta para el grooming. ¿Pero de dónde iba a sacar las herramientas para identificar que es un engaño? La suerte estuvo de su lado. Una compañera se dio cuenta y la acusó en la escuela. Llamaron a su papá y pudieron detenerla. Algo que no me gusta mucho es que resulta al final que la madrastra es una abogada que se dedica a investigar precisamente casos de pederastia. Andaban tras del tipo y saben que ha engañado a muchas niñas. Lo que no me cuadra mucho es la descripción de cómo trata a Mariel en su papel de “madrastra” y luego resulta que es conocedora de todos los riesgos que corren los niños. Es decir que la presentan al principio como una mujer muy desconectada de la realidad de una adolescente cuando debería ser una profunda conocedora. Al final dicen que por eso la metieron al internado para protegerla sabiendo de los peligros afuera. Podría ser que Mariel la describe del modo que lo hace porque no la quiere y la tiene atravesada, no porque necesariamente fuera así. Es un detalle menor que al final se salva bien. Mariel a pesar de sentirse descubierta y traicionada por su compañera, acepta la realidad. Un señor mucho, pero mucho mayor de lo que dejaba ver, le estaba tendiendo una trampa a la que estaba por caer redondita. Mariel empieza a ver las cosas de otro modo, su papá y su madrastra también. Reconocen que estaban lejos de ella y no la apoyaron como debían. Además, van a tener un bebé y la familia se revoluciona por completo.

Mariel se da cuenta que la vida no es como en los cuentos de hadas, que la muerte es mucho más cruel y que debe adaptarse a la realidad. Las cosas cambian para bien y abraza con mucha alegría lo que viene. Nos deja con un mejor sabor de boca al final. La lectura fluye fácil y con buen ritmo. Las ilustraciones caen como anillo al dedo. Me gustó mucho. Es un libro que quizás le hubiera servido más a mi hija de más chica. Como dice ahora, ya no le asombra lo que sucede, se veía venir. Quizás un año antes hubiera sido más revelador. Por otro lado también me alegra que no le asombre, que sea algo que ella ya tenía en mente y espero que la ayude en el futuro en la forma como maneja las redes sociales. Hay que estar pegados viendo qué hacen y qué no hacen, pero por otro lado tampoco se vale andar espiando lo que escriben si no quieren enseñárnoslo. Lo ideal sería estar en su lista de amigos y saber qué se escriben, qué imágenes comparten y el tono de sus pláticas. Lo que le he dicho es que escriba lo que quiera. Que no escriba nada que le diera vergüenza que veamos sus padres o sus tíos, que no diga nada que no le diría a nadie en persona (las pantallas hacen más fácil perder la empatía por el otro) y sobre todo que piense que lo que se escribe en la red se queda en la red y que no hay poder humano que lo haga desaparecer. Aunque lo borre, queda la huella, alguien que lo pudo guardar, un screen shot, algo que queda para siempre. Los filtros de privacidad de las redes funcionan hasta cierto grado. Nuestra lista de amigos puede ver lo que dejamos que vean, y podemos determinar hasta donde llegan. Por ejemplo en Facebook puedo poner que solo lo vean mis amigos, o amigos de mis amigos. Pero si alguien etiqueta a otra persona, esa foto empieza a tener una distribución mucho más amplia. Si no pongo un filtro especial, ni me entero de que eso pasa. Mi hija tiene cuenta privada en Instagram y no le permito publicar fotos donde se vea su cara. Existe Photoshop y no queremos que ronde su imagen alterada en quién sabe dónde. Es de terror pensar hasta donde pueden llegar las imágenes, pero por otro lado no podemos vivir en una burbuja y prohibir que entren en las redes.

Para mi lo mejor es permitirles participar con ciertos límites para que vayan aprendiendo poco apoco hasta dónde llegar y cuidarse. Que conozcan los riesgos y cómo prevenirlos. Y luego, fiarme de su sentido común y valores que por años traté de inculcar y que serán su prueba de fuego. No se puede tapar el sol con un dedo. Pretender que no existe es darle un poder enorme que explotará cuando menos nos demos cuenta. Me negaba a darle un teléfono con línea activa. Ha tenido tableta o usado mi teléfono para jugar en línea desde hace mucho, pero no una línea activa solo para ella. Ahora que entró a secundaria ya no me queda de otra por la dificultad de comunicarme con ella cuando la recojo, las tareas que se organizan por whatsapp y esas cosas. Todos estamos en riesgo y todos debemos aprender a cuidarnos. Como padres quizás nos abruma estar al día con tantas redes sociales que hay ahora, pero es muy recomendable conocerlas y saber cómo funcionan. Snapchat me da mucha flojera, es algo que yo no entiendo ni me gusta, pero tengo mi cuenta. La uso muy poco y a mis hijos les divierte mucho la gama de filtros y trucos que pueden usarse en las fotos. Y me preguntaba qué chiste puede tener sacar una foto y verla para que desaparezca 15 minutos después? Mejor uso Instagram donde conservo mis imágenes todo el tiempo que quiero. Hasta que me hicieron ver que muchos jovencitos usan Snapchat precisamente para mostrar situaciones de momento sin dejar huella. Oh! No había pensado en “eso”. Finalmente creo que Snapchat ya permite conservar las fotos. Aunque con un screen shot queda de por vida lo que el otro pensó que desaparecería. Las personas que quieran hacer daño lo harán de un modo o de otro, pero también hay personas que pueden obtener muchos beneficios de las redes sociales. La solidaridad, la amistad, la empatía, el apoyo entre todos también se da en las redes sociales y yo prefiero fomentar eso en mi familia, sin dejar de lado los riesgos. Hay que cuidarse por todos lados y saber vivir la vida de un modo más alegre.

Reseña en video


Adiós a los Cuentos de Hadas de Elizabeth Cruz Madrid e ilustrado por Estelí Meza, de Editorial El Naranjo (Oct 2016, México).

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